sábado, 28 de mayo de 2016

MI BELLA Y EL MAR.

 

 

Por: Héctor Cardozo Lucena.

 

 Todo comenzó en el mar y no me refiero a la teoría de que hace millones de años era un inmenso caldo de cultivo que dio  origen a los primeros individuos unicelulares que luego se fueron haciendo mas complejos hasta llegar a los seres vivos que hoy conocemos . Eso se consigue en una enciclopedia o en Internet. Este relato  es mas intimo y personal, describe la historia de  mi bella hija.

 

 Para ella también todo comenzó allí. El mar fue testigo y cómplice del amor de dos personas que se amaron intensamente y te dieron la vida. Vigilo la  pasión de sus cuerpos y cobijo tu concepción. En tus  genes se incrusto su aroma, su calor, su fuerza, sus tonalidades y la armonía de sus sonidos. Por eso te atrae tanto, te seduce, te embelesa. Lo llevas por dentro y te proporciona esa savia  que alimenta tu cuerpo y tu espíritu como una fuente inagotable de energía.  No puedes estar muy lejos de el. Lo necesitas, es tu protector. Así ha sido y lo será  siempre.

 

Tus primeros pasos los distes tropezando en su playa. Altanera rechazabas mi apoyo y seguías intentándolo mientras las olas mordisqueaban  tus piernitas hasta hacerte caer una y otra vez hasta que lo venciste. Ya  luego no te pudiste apartar. Las vacaciones y las frecuentes salidas de familia nos llevaban a su encuentro y tú lo disfrutabas como un viejo amigo. ¿Cuantas historias que conozco y otras que nunca sabré viviste en el mar?

 

Y del mar también llego tu amor. No podía ser de otra manera.  Lo fuiste a buscar sabiendo la ruta. Exigías  un compañero que fuera sal, agua,  arena y calor. Lo encontraste y luchaste por el con la certeza  que era el indicado. Venciste  los obstáculos  y tuviste que convencernos  a todos que era el indicado. Con él alimentaste aun más tu atracción hacia el mar. Era el complemento que faltaba en tu vida.

 

¿Y como sellar esa unión?  Tenia que ser allí mismo, al abrigo  de ese pana cómplice e inseparable. Lo planeaste  así desde hace muchos años aun sin saber con quien y cuando lo harías. El mar debía ser encubridor de tu amor y quien le colocara el sello a tu unión como pareja. Nuevamente te dio la fuerza para lograrlo.

 

Obedeciendo tu plan, allí estábamos todos  de blanco como tú querías,  al igual que las gaviotas que jugaban con los peñeros junto al mar, la arena tibia y  el atardecer conformando el escenario perfecto con el que siempre soñaste. Te acompañamos en ese mágico momento cuando el sol  te abrazaba complacido como un familiar más antes de esconderse.

 

 Tus seres queridos, los de sangre y los de afecto oímos emocionados  el dictamen que los declaraba marido y mujer. Las cámaras sonaron cientos de veces los click para registrar la alegría de nuestros corazones dibujados en las sonrisas. No hubo nervios ni lágrimas  solo regocijo  y satisfacción. Tú nos contagiaste el gozo y el mar nos relajo para presenciar una ceremonia llena de calidez  y amor. Son buenos compañeros que debes llevar en tu   equipaje en esta  nueva vida. Te vimos retozar  en la playa como cuando eras niña, solo que ahora estabas de la mano de tu esposo en una infantil carrera que solo debe tener un destino: la felicidad. Tu mi bella hija ya estabas iniciando un nuevo camino con la bendición de Dios, de tus padres, del sol que no quería irse y del mar.

 

Luego decidiste embarcarte en una travesía para  ir a saludar a tu inmortal camarada en otras latitudes y celebrar los primeros días de matrimonio, los más dulces, los que quedan grabados en la memoria y en el corazón. La miel de estos días puede permanecer toda tu  vida construyendo la felicidad cada segundo como un compromiso. La eternidad del amor no existe solo se arma  pedazo a pedazo como un inmenso rompecabezas  conformado por millones de buenos y malos momentos, gestos, costumbres, alegrías y hasta de las  tristezas compartidas. De allí  debe resultar un amor maduro, responsable y noble entendiendo que nada es tuyo para siempre y que solo tienes lo que vives en este preciso instante.

 

En el futuro te estará aguardando junto al mar,  un viejo lleno de arrugas y de cuentos que inventará para sus nietos Anakin Octavio y Leia Mercedes  y así mientras caminan por la playa,  vigilados por el fiel perro Margarito,   les llenará de fantasías sus corazones.