miércoles, 25 de junio de 2014

                    LA CARRETERA DE LOS HOMBRES SOLOS

POR: HECTOR CARDOZO LUCENA



La noche estaba fresca.  La lluvia caída en la tarde había domado el calor que caracterizaba la ciudad.  Alexis abrió la puerta del edificio donde trabajaba y busco su carro en el estacionamiento.  Era un hombre corriente de unos 45 años, con barriga sedentaria, casado y con dos hijos mayores.  No tenía grades ambiciones, su vida transcurría lentamente por el camino de la rutina.  La agradable temperatura y el olor de las calles recién lavadas lo alentaron a tomarse un trago antes de ir a casa.  Encendió el vehículo y enfilo hacia el viejo bar, preferido desde la adolescencia.

Era un lugar común.  Afiches de productos que había desaparecido del mercado tapaban las grietas de las paredes.  Las mesas arropadas con manteles de cuadritos trataban de mantener la distinción que tuvo el bar en otras épocas.  Alexis saludo al dueño que también era el Barman, el que limpiaba las mesas y por supuesto su amigo.  En una charla intrascendente pidió una, dos y tres copas del licor que le gustaba.

Como a las diez, decidió seguir su camino. Más animado por el alcohol y la esperanza de que volviera a llover en la madrugada, recorrió distraídamente las calles.  De pronto se percató que la suerte le seguiría sonriendo esa noche.  Una hermosa mujer solitaria estaba en la parada de autobuses.  Alexis frenó bruscamente y retrocedió al sitio exacto donde estaba aquella hembra.  Por la ventanilla, la invito a montarse.  Sin disimular, con la mirada examinó todo el femenino cuerpo: Largas piernas apenas cubierta por una alegre falda, estrecha cintura que invitaba al abrazo, unos senos altaneros queriéndose salir del escote y una cara bellísima: Ojos negros y profundos que combinaban perfectamente con unos labios carnosos pintados de rojo.  El ovalado rostro estaba adornado por unos cabellos de color castaño que caían hasta los hombros.

-  Esto es demasiado bueno para ser verdad – pensó Alexis.  Su sorpresa fue mayor cuando la preciosa desconocida acepto la invitación y subió al carro.  El hombre no podía creer que semejante monumento a la femineidad estuviera a su lado.  Al instante trato de iniciar conversación pero la mujer era de pocas palabras.  Lo más importante que dijo fue su nombre – ALEJANDRA-.  Casi todos los comentarios de Alexis eran respondidos con monosílabos, adornados de una resplandeciente sonrisa.

Alexis estaba perturbado.  Los instintos masculinos exaltados con el delicado perfume de la mujer, lo impulsaron a profundizar el contacto.  Extendió su mano, le toco la pierna, sintió la suave tersura y continuo subiendo hasta el centro del deseo.  La mujer lo apartó sin brusquedad, mientras murmuraba – Mañana -.  Definitivamente era una invitación.  El hombre se resignó con la esperanza del siguiente día.

Al llegar al lugar preestablecido la mujer descendió del carro y camino sensualmente hacia unas viviendas.  Por más que lo intentó, a través del espejo retrovisor, Alexis no pudo avistar el rumbo exacto que tomó la mujer.  Se habría espantado al saber que la conducía a un viejo cementerio.

Al llegar a su casa, Alexis apenas saludo a su esposa y se metió en la cama.  El sueño fue muy intranquilo producto de la excitación que no se le pasaba.

A la mañana siguiente aquel hombre no pudo concentrarse en el trabajo.  Permaneció distraído con un pensamiento único: La cita de esa noche.  Los minutos se dejaban caer lentamente en su reloj.  La llegada de las 6 p.m. no lo sorprendió, esperaba esa hora con ansiedad.  Al fin se podría retirar.  Ni siguiera se despidió de los compañeros.

A diferencia del día anterior, el crepúsculo presagiaba una noche calurosa y pesada.  Alexis busco nuevamente el viejo bar para aguardar el momento del encuentro.  En una de las mesas estaba una joven de cara angelical que le coqueteaba con la mirada.  Alexis la observó con detenimiento e intento corresponder al galanteo acompañándola en la mesa.  Pero se detuvo y con desgano regresó a la barra.  No quería comprometerse y correr el riesgo de perder la cita.  Pronto se arrepentiría de tal determinación.  Unas copas más y se alegró de saber que era el momento de buscar a la mujer que tanto lo trastornaba.

En el mismo lugar, ahí estaba la dama.  Puntual como la muerte, en la parada de autobuses.  Alexis dejo rodar el viejo Ford  suavemente, lo detuvo y abrió la puerta desde adentro.  La mujer subió sin mirarlo. - Cómo estas ALEJANDRA?  Preguntó.  No recibió respuesta.

Alexis noto algunos cambios.  La ropa era distinta: Llevaba un vestido largo, pasado de moda.  Esa noche la mujer desprendía un olor a flores viejas.  No le dio importancia entusiasmado por los momentos que le esperaban.  Tomo la ruta de la vieja carretera que conducía a un Motel de amores furtivos en la salida de la Ciudad. 

Impaciente tomó la mano de la mujer y la sintió muy fría.  Casi helada.  La retiro de inmediato sacudido por la impresión.  Una advertencia de peligro lo invadió.  Su corazón latía a ritmo acelerado, justo al momento que un vehículo que venía de frente ilumino a su pasajera.

La visión era espantosa. La hermosa mujer de la noche anterior estaba transformada en un ser monstruoso: Los ojos saltaban de las órbitas inyectadas de sangre.  De la boca salían enormes dientes destilando una baba amarillenta.  La nariz eran dos agujeros de calavera que expulsaban un gas mal oliente y lo último que oyó fue el crujir del volante cuando le partía el pecho.  Del carro salió una figura desgarbada con una carcajada macabra que asustó a la noche.

Al filo de la madrugada una esposa angustiada esperaba a su marido.  En la radio la fatídica noticia: -  Acaba de ocurrir un accidente en la carretera vieja, en el sitio conocido como LA RECTA DE LOS HOMBRES SOLOS a la salida de la ciudad.  Hay un hombre muerto que responde al nombre de Alexis…- Comento con voz fría y profesional el locutor.

Otro accidente en el mismo lugar.  Las autoridades no podían explicarse la razón.  Era un trecho largo, recto, sin obstáculos.  Solo la presencia de muchas cruces con nombres masculinos -  Una por cada muerto. – Exceptuando una muy vieja donde apenas se podía leer el nombre de una mujer:  ALEJANDRA.  


No hay comentarios:

Publicar un comentario