BIENVENIDO TITIRITERO.
Por: Héctor Cardozo Lucena
Había mucho revuelo allá arriba. Desde temprano se conoció
la noticia: venia el muñequero. Los
angelitos agitaban emocionados sus alas
y disfrutaban anticipadamente la alegría que les iba a proporcionar el famoso
visitante. Estaban aburridos de perseguir y espantar diablitos. Ya no era tan
divertido amarrarles la cola puntiaguda ni tomarlos de los cachos para jugar a
la bicicleta.
Unos
angelitos negros, los mismos de Andrés Eloy, fueron los encargados de difundir
la noticia:
- ¡Viene el
titiritero ¡- Ya partió – Gritaban exaltados.
Correteando de un lado para otro, tratando de que
todos se enteraran. Al poco rato ya lo sabían
los ángeles guardianes, los viejos, los jóvenes
y sin duda los más alegres eran los pequeños. No recordaban la ultima vez que
presenciaron una función de títeres y ahora venia directo y sin escalas uno de
los mejores. Hacia tiempo que no se notaba tanto relajo en el cielo. La última
vez fue cuando llegó Juan Pablo II con su eterna sonrisa haciendo chistes en diferentes idiomas.
-¿Es cierto que pronto llegará el muñequero?- vociferó
San Pedro, molesto por ser de los últimos en enterarse de tan importante
acontecimiento-Esta falla estaba ocurriendo con frecuencia y debía tomar
medidas urgentes con el Departamento de Registros- Un angelito filipino,
asustado con el vozarrón del barbudo respondió:
- ¡Si, si, esta confirmado ¡- ¿Usted cree que se pueda
quedar?-
-Claro que se va a quedar. Fue siempre un buen hombre,
se entregó por completo a los niños, además de un excelente padre, leal amigo y
llevó por el mundo su alegría y
esperanza - Voy a hablar con el Jefe
para asegurar su permanencia entre nosotros.- Nos esperan días muy felices
chinito- Le dijo con picardía poniendo su mano en la aureola del muchachito.
Los santos,
santas, beatos y hasta el siempre serio José Gregorio Hernández, no podían
ocultar su emoción. Pero no había nada preparado para recibirlo. Con la
disciplina de amor impuesta por el Jefe,
comenzaron los arreglos para la primera función. Una nube grande y cuadrada
seria la tarima, unos querubines colocaron tramoyas y cortinas azules para completar
el escenario, pequeñas nubes redondas se dispusieron como asientos esponjosos
.Estaba garantizada la comodidad del público asistente a la eterna función. Las
luces no eran problema, permanentemente es de día en el paraíso y se dispone de
un avanzado sistema de sonido que permite a Dios comunicarse con el cielo y la
tierra al mismo tiempo.
Todos
hicieron su parte y a la hora acordada se oyó el golpe metálico de la aldaba contra la inmensa puerta que
anunciaba la llegada del titiritero. Ahí estaba la menuda figura con su impecable traje blanco y los pocos
muñecos que había podido recoger. No eran los mejores, pero no importaba, tendría tiempo suficiente para fabricar más y enseñaría
a cada santo, querubín y ángel a hacer
uno. San Pedro personalmente lo recibió:
- Bienvenido tocayo, lo estábamos esperando- Al cruzar
el portón millones de aplausos acompañaron sus pasos. El Jefe dirigiéndose a
los de acá abajo dijo:
- No se pongan tristes, ustedes se alegraron con él
por mucho tiempo. Ahora nos toca a
nosotros.-
- Pasa, Pedro este es tu nuevo escenario, saca tus
muñecos y que comience la función.-
-Pido disculpas a los escritores de oficio por haberme
atrevido a invadir su campo pero el afecto hacia mi amigo Pedro Quintero, bien
vale la osadía-HCL

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