lunes, 28 de julio de 2014


LA OTRA HISTORIA

Por: Héctor Cardozo Lucena

Toda historia tiene dos versiones: La del ganador y la del vencido, la de los buenos y la de los malos, la del victimario y la de la víctima.  También los fantasmas tienen la propia, como la que les voy a contar.



Ella sabía de su belleza, aunque no podía ver su imagen reflejada en ningún espejo.  Recordaba muy bien todas las veces que se lo decían  en el pasado.  Se imaginaba su hermosa cabellera color castaño, su piel blanca, unos labios bien definidos merecedores de diversos piropos, pero el rasgo más evocado eran sus ojos: grandes, muy expresivos y llenos de brillo que eran motivo de admiración de todos sus conocidos.

Cuando vivía,  su historia fue corriente.  Era una muchacha anónima que no hizo nada relevante.  Lo más importante fue el amor por Luís, su eterno novio, quien murió en un accidente de tránsito en la misma semana cuando se iban a casar, causando un terrible dolor que la llevo a quitarse la vida. Una mañana la encontraron muerta en la cama  abrazando la foto de su amado.  En el piso el frasco vacío de veneno fue el testigo mudo de la trágica determinación.

Su otra historia comenzó luego, la misma es muy conocida y la hizo macabramente famosa.  Es la leyenda de una joven muy bonita que aparece en las fiestas, esperando que algún muchacho la invite a bailar, lo cautiva con su encanto y le pide que la lleve a su casa.  En el trayecto le solicita una chaqueta o saco para cubrirse del frío.  Quedándose con la prenda.  Al día siguiente cuando el joven enamorado visita la residencia con la excusa de recoger la chaqueta, se encuentra con la pasmosa noticia que la muchacha había muerto desde hacía mucho tiempo.  Este cuento ha viajado por todas las regiones llenando de espanto a los muchachos enamoradizos.

A Thais, su nombre en vida, esta historia le causaba gran tristeza porque nadie podía entender su verdadera misión como alma en pena.  En el limbo había conocido otros espectros. Muchos de ellos debían cumplir penitencias ya que se habían ido del mundo terrenal antes del tiempo, dejando tareas pendientes y resultaba obligatorio completarlos para poder tener derecho al descanso eterno.  Algunas almas desventuradas escogieron caminos equivocados, convirtiéndose en entes monstruosos que sembraban el terror por donde pasaban.  Esa era su decisión y lo disfrutaban, renunciando así al encuentro con el Creador.

El ánima generosa de Thais tenía una misión y esperaba ansiosa el momento de cumplirla.   Debía proteger a los jóvenes que iban a morir en accidentes de tránsito antes de lo escrito en el gran libro de los destinos.  Por esa razón aparecía en las fiestas y se dejaba cautivar por el muchacho.  Sin su presencia  aquel desdichado se dedicaría a beber toda la noche para dejar el espacio abierto al fatal desenlace.  La joven se enteraba quién sería la posible víctima y apuraba los preparativos para viajar a través de otra dimensión a salvarlos.  Eran los momentos en que su alma se transformaba en carne.

Aquel día tenia trabajo: Puntual como suelen ser los espíritus, se presentó en el festejo.  Había un gran ambiente.  Música, risas, bailes y alegría de jóvenes.  Su deslumbrante presencia atrajo, de inmediato, la atención de la mayoría.  Llevaba puesto un hermoso vestido azul con el que la habían enterrado.  Atravesando con gracia el salón, recibió innumerables elogios e invitaciones; pero ella sabía a quién buscaba y se dirigió decidida a Ricardo, un mozo de unos 23 años, apuesto y con muchas ganas de divertirse.

El muchacho la abordo sin demora, extrañando de no haberla visto antes.  -  Hola ¿Cómo te llamas? Pregunto resuelto el joven.
– Thais – respondió tímidamente. No hicieron falta muchas palabras para saber que se atraían.

Juntos, muy juntos danzaron envueltos de una suave música.  Thais se sintió viva nuevamente, percibía el calor del muchacho a través de su vestido y agradeció en silencio esas emociones que la vida le había arrebatado prematuramente.

Ricardo quedó prendido de la muchacha y no dudó ni un instante en  consagrarse a ella toda la noche.  La serena mirada lo hizo olvidar a los demás invitados y se sintió complacido de su suerte.  Disfrutaba la fiesta cuando la joven dijo
-          Por favor ¿me llevas a mi casa?  - 
-           ¿Por qué?  Si la estamos pasando bien. -  Inquirió el muchacho.
           No le agradó el requerimiento porque deseaba permanecer más tiempo en aquella agradable velada.  Sin embargo ante la insistencia, acepto caballerosamente.  Buscaron el vehículo, en el estacionamiento la muchacha le pidió su chaqueta para cubrirse.

Mientras conducía, Ricardo vio en el rostro de Thais una palidez inusitada, tocó su mano y quedó pasmado del frío glacial.  De pronto recordó aquella vieja historia que le habían contado cuando era niño.  Asustado  descendió del carro y huyó despavorido sin oír los llamados de su acompañante.
 – Por favor no me dejes, Ricardo. – Regresa. – Suplicó la muchacha.  La noche ahogó los ruegos. 

El joven regresó a la fiesta y aún lleno de pánico les comentó a sus amigos la macabra experiencia.
-  Tremendo susto-decían unos,
 - eso te pasa por enamorado – Otros. 
Luego de buscar, con numerosa compañía,  su vehículo abandonado y recibir las consabidas burlas, entre bromas y muchos tragos se disipó el terror de su rostro.  El resto de la noche se sintió contento por haber escapado de un fantasma.

Al despuntar el alba, las sirenas despertaron a los pobladores.  Había ocurrido un fatal choque.  En el pavimento se encontraba el cuerpo sin vida de un muchacho de unos 23 años.  Los pocos transeúntes que pasaban por el lugar, comentaban resignados.
- ¿Cuándo aprenderán estos muchachos?-
  -¿Por qué nadie hace nada para evitar que esto ocurra?-


En el mundo de lo desconocido, el alma de una muchacha sufre por haber fracasado en su misión y espera con anhelo otra oportunidad para enmendar su error.  Es bueno esperarla

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