Por: Héctor
Cardozo Lucena
Toda
historia tiene dos versiones: La del ganador y la del vencido, la de los buenos
y la de los malos, la del victimario y la de la víctima. También los fantasmas tienen la propia, como
la que les voy a contar.
Ella sabía de
su belleza, aunque no podía ver su imagen reflejada en ningún espejo. Recordaba muy bien todas las veces que se lo
decían en el pasado. Se imaginaba su hermosa cabellera color
castaño, su piel blanca, unos labios bien definidos merecedores de diversos
piropos, pero el rasgo más evocado eran sus ojos: grandes, muy expresivos y
llenos de brillo que eran motivo de admiración de todos sus conocidos.
Cuando vivía, su historia fue corriente. Era una muchacha anónima que no hizo nada
relevante. Lo más importante fue el amor
por Luís, su eterno novio, quien murió en un accidente de tránsito en la misma
semana cuando se iban a casar, causando un terrible dolor que la llevo a
quitarse la vida. Una mañana la encontraron muerta en la cama abrazando la foto de su amado. En el piso el frasco vacío de veneno fue el
testigo mudo de la trágica determinación.
Su otra
historia comenzó luego, la misma es muy conocida y la hizo macabramente
famosa. Es la leyenda de una joven muy
bonita que aparece en las fiestas, esperando que algún muchacho la invite a
bailar, lo cautiva con su encanto y le pide que la lleve a su casa. En el trayecto le solicita una chaqueta o
saco para cubrirse del frío. Quedándose
con la prenda. Al día siguiente cuando
el joven enamorado visita la residencia con la excusa de recoger la chaqueta,
se encuentra con la pasmosa noticia que la muchacha había muerto desde hacía
mucho tiempo. Este cuento ha viajado por
todas las regiones llenando de espanto a los muchachos enamoradizos.
A Thais, su
nombre en vida, esta historia le causaba gran tristeza porque nadie podía
entender su verdadera misión como alma en pena.
En el limbo había conocido otros espectros. Muchos de ellos debían
cumplir penitencias ya que se habían ido del mundo terrenal antes del tiempo,
dejando tareas pendientes y resultaba obligatorio completarlos para poder tener
derecho al descanso eterno. Algunas
almas desventuradas escogieron caminos equivocados, convirtiéndose en entes
monstruosos que sembraban el terror por donde pasaban. Esa era su decisión y lo disfrutaban,
renunciando así al encuentro con el Creador.
El ánima
generosa de Thais tenía una misión y esperaba ansiosa el momento de
cumplirla. Debía proteger a los jóvenes
que iban a morir en accidentes de tránsito antes de lo escrito en el gran libro
de los destinos. Por esa razón aparecía
en las fiestas y se dejaba cautivar por el muchacho. Sin su presencia aquel desdichado se dedicaría a beber toda la
noche para dejar el espacio abierto al fatal desenlace. La joven se enteraba quién sería la posible víctima
y apuraba los preparativos para viajar a través de otra dimensión a
salvarlos. Eran los momentos en que su
alma se transformaba en carne.
Aquel día
tenia trabajo: Puntual como suelen ser los espíritus, se presentó en el
festejo. Había un gran ambiente. Música, risas, bailes y alegría de
jóvenes. Su deslumbrante presencia
atrajo, de inmediato, la atención de la mayoría. Llevaba puesto un hermoso vestido azul con el
que la habían enterrado. Atravesando con
gracia el salón, recibió innumerables elogios e invitaciones; pero ella sabía a
quién buscaba y se dirigió decidida a Ricardo, un mozo de unos 23 años, apuesto
y con muchas ganas de divertirse.
El muchacho la
abordo sin demora, extrañando de no haberla visto antes. - Hola
¿Cómo te llamas? Pregunto resuelto el joven.
– Thais –
respondió tímidamente. No hicieron falta muchas palabras para saber que se
atraían.
Juntos, muy
juntos danzaron envueltos de una suave música.
Thais se sintió viva nuevamente, percibía el calor del muchacho a través
de su vestido y agradeció en silencio esas emociones que la vida le había
arrebatado prematuramente.
Ricardo quedó
prendido de la muchacha y no dudó ni un instante en consagrarse a ella toda la noche. La serena mirada lo hizo olvidar a los demás
invitados y se sintió complacido de su suerte.
Disfrutaba la fiesta cuando la joven dijo
-
Por favor ¿me llevas a mi casa? -
-
¿Por qué? Si la estamos pasando bien. - Inquirió el muchacho.
No le agradó el requerimiento porque
deseaba permanecer más tiempo en aquella agradable velada. Sin embargo ante la insistencia, acepto
caballerosamente. Buscaron el vehículo,
en el estacionamiento la muchacha le pidió su chaqueta para cubrirse.
Mientras
conducía, Ricardo vio en el rostro de Thais una palidez inusitada, tocó su mano
y quedó pasmado del frío glacial. De
pronto recordó aquella vieja historia que le habían contado cuando era
niño. Asustado descendió del carro y huyó despavorido sin oír
los llamados de su acompañante.
– Por favor no me dejes, Ricardo. – Regresa. –
Suplicó la muchacha. La noche ahogó los
ruegos.
El joven
regresó a la fiesta y aún lleno de pánico les comentó a sus amigos la macabra
experiencia.
- Tremendo susto-decían unos,
- eso te pasa por enamorado – Otros.
Luego de
buscar, con numerosa compañía, su vehículo
abandonado y recibir las consabidas burlas, entre bromas y muchos tragos se
disipó el terror de su rostro. El resto
de la noche se sintió contento por haber escapado de un fantasma.
Al despuntar
el alba, las sirenas despertaron a los pobladores. Había ocurrido un fatal choque. En el pavimento se encontraba el cuerpo sin
vida de un muchacho de unos 23 años. Los
pocos transeúntes que pasaban por el lugar, comentaban resignados.
- ¿Cuándo
aprenderán estos muchachos?-
-¿Por qué nadie hace nada para evitar que
esto ocurra?-
En el mundo de
lo desconocido, el alma de una muchacha sufre por haber fracasado en su misión
y espera con anhelo otra oportunidad para enmendar su error. Es bueno esperarla

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