NOS VEMOS EN RANCHO GRANDE
Para mi amigo, Ernesto Fernández.
Se lo que me espera. Deseo con ansias llegar a mi destino final. Mi propio paraíso. Aquel que Dios nos regalo desde el principio de los tiempos. Mi selva nublada incrustada el mar Caribe. Mi parque. Con sus helechos formando una intrincada red de tonalidades verde-azuladas, miles de orquídeas con caprichosas formas y colores, la belleza de las bromelias y las palmas de las cuales nunca me pude aprender los nombres.
Mis preferidos: los inmensos cucharones, gigantes leñosos que me cobijaron en las innumerables visitas y pernoctas. Ese mundo vegetal le da un carácter mágico a la selva ideal para la fantasía y la imaginación. Se escribirán nuevas historias y leyendas y seré protagonista de alguna de ellas.
Conozco sus caminos, veredas y picas, sus quebradas y pozos. Pude disfrutarlos con mis alumnos, con mi familia, con mis amigos. Allí tome la esencia de Dios en cada planta, en cada roca, en cada animalito. Ahora podre recorrerlos hasta siempre, llenándome de una felicidad absoluta en una nueva dimensión más allá del tiempo y el espacio. Nunca estaré solo, Me acompañaran El Halcón peregrino, el paují, el mono araña, el jaguar, el zorro, el oso melero, el sapito rayado y miles de amigos más.
Allí será mi morada eterna. Las cenizas, como último residuo de mi cuerpo serán esparcidas al viento y pasaran a formar parte del sustrato. Mis moléculas alimentaran la madre tierra y de allí las plantas iniciaran el flujo de energía que irradiará mi vida en millones de seres. Un destino esperado para un amante de la naturaleza, el legado perfecto de amor y entrega. Tengo una libertad indescriptible y puedo estar en miles de sitios a la vez. Gracias a todos por cumplir mis deseos. Seré inmortal en cada ser vivo del parque. Por eso todos deben estar felices. Ya no hay dolor ni sufrimiento. Solo la alegría de saber que siempre estaré vivo.
Con mi estima: Héctor Cardozo Lucena

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